Realidad virtual y aumentada para acercar a la experiencia del conflicto

3 propuestas utilizan la Realidad vitual, aumentada, y georeferenciación para empatizar con las víctimas

A menudo, en medio del rigor que implica el cubrimiento periodístico de los conflictos, se olvida que detrás de las cifras y las estadísticas se encuentran seres humanos y no solo tablas con datos que poco comunican sobre la experiencia real de la guerra y sus consecuencias. Situación que para el caso colombiano, dificulta al espectador generar empatía necesaria para ponerse en el lugar de las víctimas y comprenda la importancia de poner fin a la confrontación armada más allá de la polarización política predominante.

¿Puede relatarse ese tipo de experiencias de una manera diferente? es una pregunta que algunos medios y periodistas tratan de resolver con la implementación de estrategias narrativas alternativas para, la reconstrucción de la memoria sobre un hecho o un determinado episodio histórico. Apuestas que, desde hace un par de años, incluyen el uso de la realidad virtual (RV), la realidad aumentada (RA) y el video en 360°,entre otras herramientas que permiten ampliar la experiencia sensitiva del espectador, gracias su capacidad de insertar objetos virtuales en el espacio real con interfaces de gran sencillez.

La posibilidad de vivir una “realidad mixta”, asociada por años con la ciencia ficción, viene de la mano de la masificación en el uso de smartphones, tabletas electrónicas y lentes como las “Google glasses”, que permiten combinar las tecnologías necesarias (cámara + software) para acceder a datos, imágenes, audios y videos. Una tendencia que incrementa el interés por incorporar estos desarrollos en diferentes campos de aplicación para llevar al usuario a vivir “experiencias diferenciales con una marca o producto” con sólo apuntar su dispositivo sobre un detonador.

Compañías de información como The Guardian, The New York Times y la BBC, vienen abordando estrategias basadas en esas tecnologías para potenciar su sustentabilidad y como un medio para generar mayor empatía con las audiencias gracias a la popularidad que vienen adquiriendo (Engine room, 2016). Nuevas formas de narrar que Aron Pilhofer, director ejecutivo digital de The Guardián, llama periodismo participativo o experiencial “que entrega a los lectores la posibilidad de crear sus propias historias” .

Acercando realidades

Reconstruir la memoria histórica tras un conflicto armado de más de 50 años, es una tarea compleja pero necesaria, en camino de alcanzar una reconciliación nacional. Poner en el centro de los acuerdos a las víctimas como se planteó desde el inicio de las negociaciones, implica que se respete su derecho a la verdad, justicia y a tener garantías de no repetición como “elementos integrales de la reparación plena y efectiva”. Una responsabilidad que recae en todos los actores de la sociedad, incluyendo a los medios de comunicación que por años, desde sus diferentes líneas editoriales, han narrado el conflicto.

Es ahí donde las acciones convencionales de memoria requieren reinventarse para lograr conectar dos realidades que a pesar de vivir en un mismo país, se encuentran muy distanciadas una de la otra. Nicole Acuña, integrante de Rutas del conflicto, un proyecto de periodismo de datos que desde 2014 ha documentado 728 masacres ocurridas desde 1982, asegura que las herramientas audiovisuales que utilizan como las cámaras 360, “nos ha permitido traer de manera más íntima, más personal y un poco más cálida incluso estas historias que hemos venido recogiendo de las regiones y las hemos ido trayendo a esa otra Colombia que estuvo tan alejada del conflicto y un poco tan desentendida”

Además de los contenidos presentados en imágenes, videos, fotografía y podcast, el proyecto ha desarrollado una aplicación gratuita centrada en la tecnología de posicionamiento satelital (GPS), donde los usuarios pueden ver qué masacres ocurrieron dentro de un radio de 50 kilómetros de su propia ubicación, incluso pueden hacerlo si no se encuentran en el país.

Una de las grandes oportunidades de estos desarrollos radica en llevar al usuario a escenarios fuera de las grandes ciudades y más allá de la visión mediática de la guerra “nos lleva a la región y eso también nos habla mucho del contexto en que vive la gente, el contexto en el que ellos vivieron la guerra, pero no solo eso sino que también nos habla del contexto en el que sobrevivieron y siguieron adelante”

El Naya, relato multimedial de la violencia paramilitar

4 Ríos, es un ejercicio interesante en ese camino. Se trata de un proyecto de comunicación transmedial que, en su objetivo de narrar historias basadas en el conflicto armado colombiano viene desarrollando desde 2012 una serie de piezas comunicativas, con un estilo similar al comic, destinadas a circular en múltiples plataformas: web, impreso, maquetas con realidad aumentada y dispositivos para exposiciones, entre otros.

“4 Ríos quiere proponer otra formas de acercarnos a la memoria, a la construcción de espacios de intercambio y debate, de sensibilizarnos ante estos hechos, de no olvido, del rescate de aquello que por el paso del tiempo se cree perdido” asegura Elder Tobar uno de sus creadores. La primera historia desarrollada digitalmente por el colectivo rememoró los hechos ocurridos en El Naya, territorio en zona rural de Buenaventura, Valle del Cauca, donde grupos paramilitares perpetraron una masacre que dejó varios muertos y miles de desplazados en 2001.

Gracias al amplio material documental recolectado en el trabajo de campo, (fotografías, textos, videos, testimonios, etc.), los espectadores pudieron reconstruir ese pasaje del conflicto armado desde nuevas perspectivas. Por ejemplo, al ubicar dispositivos móviles como celulares o tabletas sobre las maquetas del territorio construidas con materiales convencionales, se recreaban por medio de modelos en tercera dimensión, algunas escenas de lo ocurrido durante la acción violenta.

Reconstruir para generar empatía y aprendizajes

Poner al usuario a caminar por espacios donde tuvieron lugar acontecimientos históricos, es una estrategia que han aprovechado museos, galerías y otros lugares frecuentados por su valor para la memoria. Un ejemplo es el campo de concentración Bergen- Belsen en Alemania, donde los visitantes pueden ver a través de sus dispositivos las fosas comunes y los hornos crematorios donde murieron miles de judíos durante la II Guerra mundial.

Stephanie Billib, historiadora del campo de concentración, asegura que a pesar de lo impactante que puede resultar la experiencia, “cualquier herramienta que nos facilite un elemento emocional sirve de ayuda complementaria” para entender la historia de un lugar que en su criterio “supera nuestra capacidad de comprensión”.

Esa oportunidad de brindar experiencias pedagógicas en espacios diferentes al aula de clase, han convertido a la RA en una herramienta muy útil para desarrollar determinados contenidos bajo las premisas de entretener y educar, lo que David Ruíz Torres caracteriza mediante el neologismo Edutainment.

Uno de esos lugares es el Centro de Memoria Paz y Reconciliación de Bogotá, espacio escogido por Dan Archer, periodista gráfico estadounidense y director de Empathetic Media, estudio de producción de contenido periodístico basado en realidad virtual y aumentada, para presentar “Espacios inmersivos de memoria”, una exposición interactiva que promueve una reflexión sobre herramientas alternativas para narrar historias de guerra y resistencia.

Archer, asegura que utilizar narrativas inmersivas le da al usuario/espectador “la oportunidad de escoger la perspectiva dentro de la experiencia o los caminos dentro de las historias mismas para poder sentirse dentro, para lograr una conexión más fuerte y más empática que con el narrador y el protagonista” en un ejercicio de reflexión íntima, fundamental en el proceso de comprender y seguir adelante hacia la reconstrucción de la memoria y la reconciliación.

La muestra consta de tres momentos: una galería de ilustraciones tipo cómic elaborados por Archer a partir de testimonios de víctimas que a través de la aplicación ARc Stories, (primera app que combina realidad aumentada con una narrativa periodística) permitían ampliar los relatos; un espacio de inmersión para conocer lugares de memoria montados en 360° y un espacio de realidad virtual desarrollado con el software Unity, donde el usuario puede recorrer espacios y tomar objetos, capturados por el periodista en los lugares donde ocurrieron los hechos.

Luego de la muestra Archer, con el apoyo de Rutas del Conflicto, retornó a los territorios para enseñar a la gente cómo utilizar las herramientas “para contar sus propias historias” en cómic, videos y audios, y cómo los pueden compartir en la plataforma graphicvoices.com , como una estrategia para garantizar que la continuidad del trabajo realizado no dependa de su permanencia en Colombia.

Contar historias humanas, el reto para los comunicadores

Los 3 proyectos tienen en común su apuesta por la humanización de los hechos a partir de las historias de quienes los vivieron, reconociendo su nombre y rostro; una característica necesaria en los procesos de dignificación de la memoria de las víctimas “al recordar a la persona no solamente como víctima o testigo de un evento, sino como mujer u hombre con rostro, ciertos modos de hacer y ser, con sus pequeñas o grandes acciones en la comunidad, sus gustos y placeres y sus rasgos peculiares de personalidad se rescata a esta persona del silencio o de la esquematización y deshumanización de su recuerdo”.

Es en la capacidad del comunicador para contar las historias de campesinos, indígenas, afros y demás víctimas del conflicto que realmente se potencializa el uso de esas herramientas como manifiesta Elder Tobar “la tecnología lo que nos brinda son posibilidades de narrar de otras formas de conectarnos de otras formas pero en el fondo no hay que olvidar la historia”. El desafío radica entonces en el cómo construir los relatos en nuevos entornos y cómo lograr al usuario/ espectador sumergirse en cada una de las historias, retos para el periodismo que en opinión de Tobar son “son muy llamativos y esperanzadores y es ahí donde nos queda todo por hacer”.


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